Es ese momento en una carrera ciclista justo antes de la salida, cuando el pelotón se alinea, con la cabeza gacha, las manos en el manillar y la mirada perdida. El sudor ya gotea, aunque la batalla aún no ha comenzado. Y entonces, ¡el estallido, la señal, la máquina arranca!
Es la fuerza compartida en la estela, los breves gestos de acuerdo dentro del pelotón, la certeza: todos aquí sufren, todos aquí arden. Pero al final, todos corren por ese momento único en el que lanzan el sprint, dejan que sus piernas exploten, y el asfalto desaparece tras ellos.